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A lo largo de esta presentación mencionamos marcas y empresas a los solos efectos de brindar ejemplos hipotéticos de la aplicación de la "tecnología KW". Todas las marcas, logos y demás contenidos pertenecen a sus respectivos dueños.
Componentes KW |
Una historia del futuro imprescindible ... |
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“Suena el despertador en un humilde hogar del tercer mundo. Al tomar conciencia de su identidad, el objeto de su vida y el lugar donde se encuentra, Cecilia es envuelta por una mezcla adrenalínica de alegría y miedo. Los sucesos por vivir eran cruciales para su camino inmediato, y tan poderosos como ‘la fuerza más importante del universo… la que generan las ideas cuando les llega su hora’. El panel de control del baño le esperaba con su perfil predilecto de temperatura y luz. El mismo se ha activado apenas cruzó el umbral de la puerta. Al salir, carga los números telefónicos familiares en su nuevo smartphone directamente y en forma inalámbrica desde el servidor hogareño más cercano. Casualmente, efectúa la carga de datos desde la unidad de almacenamiento que está situada en el refrigerador, el mismo en el que está revisando su dieta del día. Se sorprende, la dieta es errónea. La pantalla táctil le ha expresado que puede servirse una manzana, cuando en realidad no hay. Sucede que su hermano ha guardado las naranjas en el cubículo de las manzanas y el sensor las ha confundido. Cecilia es una estudiante de Relaciones Internacionales, apasionada por el intercambio entre personas de las culturas y etnias más diversas. Se opone a que dichas relaciones se eliminen a favor de las teleconferencias y otros artilugios tecnológicos. Argumenta con vehemencia que gran parte de las crisis globales se deben a la falta de cercanía y confianza entre las personas, eventos que solamente el trato directo puede catalizar. Mientras desayuna, duda si debe consultar o no su cuenta bancaria por Internet. Había trabajado mucho en el componente tecnológico que le podría catapultar a su trabajo soñado: encargada de relaciones públicas de una importante ONG internacional. La ventana con su número de cuenta estaba en pantalla. Solamente bastaba con que moviera la nariz para que la interfase que unía sus gestos con el PC diera el OK. Un mensaje de demora se desplegó holográficamente sobre su mesa: “Disculpe, su hermano está ocupando el 90% del ancho de banda de su casa… un momento por favor…”. Algunos pensamientos hacia su hermano le recordaban momentos de un pasado adolescente no muy lejano, donde los epítetos y otras construcciones gramaticales la hacían sonrojar. Finalmente… la respuesta. Su cuenta bancaria se había incrementado en un 1000%. La ONG había integrado su componente HKW a la red informática neuronal institucional. Esto cambiaría para siempre el futuro de Cecilia, había logrado que su forma de ver al mundo se transformara en una premisa de un sistema informático de alcance global, generando sugerencias humanitarias clave para negociaciones difíciles. Era un reconocimiento que, además, venía con un interesante contrato para trabajar en Sudáfrica. Hacía ya un tiempo que la tecnología de consumo se regalaba junto con la compra de contenidos para el hogar digital. Aquel concepto promulgado a principios del siglo XXI de que ‘los contenidos son más importantes que la tecnología que los sustenta’ era una realidad. Enormes multinacionales del rubro del software casi monopólicas en aquellos años debieron abrir el código fuente de sus productos más tradicionales y dedicarse a la producción de contenidos, donde competían palmo a palmo con cualquier ser humano que se atrevía a transformar en componentes sus buenas ideas. La otrora gran influencia de estas empresas decaía a cada instante al reconocer el copyright de los componentes que incluían sus productos. Todo esto explicaba una contradicción que aparentemente se da en este relato. Cecilia no sabe ni quiere desarrollar software, pero puede escribir componentes proactivos que luego son utilizados en la capa intermedia de cualquier software, en la que comúnmente se encuentran las ‘reglas del negocio’. Así, un Usuario Final puede beneficiarse directamente de lo que ha escrito otro Usuario Final que tampoco sabe ‘programar’. Otra contradicción aparente es que Cecilia es de naturaleza humilde y ha estudiado en una Universidad pequeña, sin renombre, acorde a su situación económica. Todavía la diferencia de desarrollo intelectual entre niños del tercer y primer mundo no se había transformado en una especie de maldición genética generalizada, y las buenas ideas no eran patrimonio de ninguna región del globo en particular. La posibilidad de generar componentes reusables de conocimiento compatibles con las redes neuronales de datos era gratis, pues no pagaba ninguna patente para poder desarrollarse ni exigía que se usara tal o cual sistema operativo. El duelo Windows-Linux parecía una mala broma del pasado, pues hacía años que los Usuarios Finales utilizaban la mejor herramienta que se correspondiera con su valor agregado como persona y como profesional. Solamente bastaba con que una herramienta con tecnología digital fuera compatible con el desarrollo o utilización de dichos componentes. Procesadores personales (en el lenguaje de los jóvenes, la palabra ‘computadora’ estaba cayendo en desuso), smartphones, electrodomésticos, autos, aviones, diarios digitales, hogares inteligentes y todo lo que pudiera recibir conocimiento debía ser compatible con tal filosofía de interoperabilidad para tener mercado donde colocarse. “ Copyright 2003-2009 © Gustavo Tejera, KW Foundation |
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