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Hombres y mujeres para los demás (1/3) - Agentes de Cambio

 
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Hombres y mujeres para los demás (1/3) - Agentes de Cambio
by System Administrator - Tuesday, 16 June 2015, 5:31 PM
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Hombres y mujeres para los demás (1/3)

 

Agentes de cambio

por Pedro Arrupe

Se celebran 50 años del nombramiento del P. Pedro Arrupe como General de la Compañía de Jesús. Arrupe expresó con sus palabras y gestos una voluntad clara de renovación. En 1973 pronunció una conferencia ante el Congreso Europeo de Antiguos Alumnos de los colegios de jesuitas. Con la energía y el entusiasmo que le eran habituales, habló de una superación de las “alternativas excluyentes”: el amor a Dios y a los hombres, la justicia eficaz para los hombres y la actitud religiosa respecto a Dios, el amor cristiano de caridad y la justicia, la conversión personal y la reforma de estructuras, la salvación y la liberación en esta vida y en la otra…. A partir de esta armonización de opuestos iban dibujándose los trazos de personas espirituales, abiertas, compasivas, comprometidas, y en constante actitud de servicio hacia los otros. Sus palabras proféticas provocaron mucha incomodidad, pero al mismo tiempo provocaron por el fondo y la forma una auténtica ola de entusiasmo. Les ofrecemos el texto íntegro de la conferencia de Arrupe: una llamada a la renovación constante de las personas y las instituciones. Y en tres sucesivos “subsidios” la propuesta que nos hace Arrupe de ser verdaderos “agentes de cambio”  en nuestra sociedad. ¿No suena esta formulación en el enunciado de misión de Instituto Preuniversitario Juan XXIII?

No olvidemos que, aunque la raíz del reino de la injusticia está en nosotros mismos (y  por  ello  dedicamos  nuestros  mejores esfuerzos  a  nuestra  propia  reeducación y  reforma),  esa  injusticia  está  asentada estructuralmente en el mundo, con independencia  objetiva  de  cada  uno  de  los hombres. Más aún, que no podemos cambiarnos hasta las últimas consecuencias, si no cambiamos nuestro mundo. Educar para la justicia es por lo tanto educar para el cambio, formar hombres que sean agentes eficaces de transformación y de cambio.

Ello requiere, según veíamos en la primera parte, un tipo de formación que nos capacite para el análisis de las situaciones que en cada caso se pretendan transformar y para la elaboración de unos planes y tácticas  para  conseguir  eficientemente  las metas transformadoras y liberadoras. Esta tarea desborda evidentemente la realidad de  esta  charla,  aunque  posiblemente  no desborde la finalidad de las Asociaciones de los Antiguos Alumnos. Opino que en su seno se deberían fomentar iniciativas de este tipo a diverso nivel, con diversos grados de coordinación, y con un amplio margen de pluralismo. Yo voy simplemente a limitarme a indicar algunas actitudes muy generales, y también a llamar la atención sobre la necesidad  de  fomentar  una  imaginación prospectiva que nos haga tomar muy en serio la tarea de construir un futuro mejor para la humanidad.

1. Actitudes generales para promover el cambio

Sólo voy a enumerar tres actitudes generales  que  pueden  contribuir  eficazmente al cambio, sobre todo si diversos grupos las van fomentando mediante una acción coordinada.

Primera:  Un  decidido  propósito  de darle un tono de mucha mayor sencillez a nuestra vida individual, familiar, social y colectiva, frenando así la espiral del lujo y la de la competitividad social. Fiestas, regalos, trajes, joyas podrían ser el objeto de drásticas reducciones, que no sólo permitirían  prescindir  de  ciertas  fuentes  de ingresos (quizás no tan limpias) o de reorientarlas generosamente hacia los demás, sino que sobre todo actuarían como gestos simbólicos de tremenda eficacia social.

Un ejemplo muy simple: Fácilmente la celebración social de una boda de cierto tono cuesta medio millón, o un millón de pesetas. Para conseguir la legítima satis- facción  entrañablemente  humana,  de  la cercanía de los verdaderos amigos en esos momentos,  no  es  preciso  ese  derroche. Pero, si somos sinceros, no se trata de eso; se trata ante todo de prestigio social y, con mucha frecuencia, del egoísta y calculado «toma y daca» de los regalos. A la cuenta negativa hay que añadir las perturbadoras consecuencias  sociales:  se  fomenta  la competitividad social; los que comparten nuestro  ambiente  no  pueden  quedar  por debajo o al menos no pueden quedar mal: la próxima boda debe ser mejor aún, aun- que para ello haya que ganar el dinero como  sea;  una  vuelta  de  rosca  más  en  el tornillo del lujo y opresión, que se va así encajando cada vez con mayor profundidad y fijeza en la estructura del mundo. El ejemplo cunde y los ambientes menos pudientes entran también en el juego, gastando a veces lo que no pueden ni tienen; al necio juego del prestigio se sacrifican entonces  valores  mucho  más  satisfactorios y profundos.

¿Qué pasaría si un grupo de cristianos, confesando públicamente sus propósitos, se decidiera a romper con los modos usuales de actuar? Una ceremonia sencilla y verdaderamente religiosa, donde, por deseo explícito de los contrayentes, se exalte el amor entre los esposos, que pretenden sostenerse mutuamente y formar una comunidad abierta al prójimo y al servicio de una mayor humanización del mundo; dicha ceremonia vendría completada con un encuentro frugal con los amigos y la donación de una fuerte suma – la más fuerte  de  todos  los  gastos –  destinada  a  una obra de promoción humana.

El ejemplo vale, pero vale sólo como símbolo; símbolo que no serviría para nada  si  no  es  expresión  verdadera  de  una concepción  nueva  de  toda  la  existencia, que debe encarnarse en otros muchos detalles. Hay que formar hombres y mujeres que  no  sean  esclavos  de  la  sociedad  de consumo, que no tengan como norma de vida ser y aparecer un poco más que los demás, sino que se propongan, hasta como ideal, quedarse siempre un poco atrás, para así ir desenroscando el tornillo del lujo y de la competitividad. Hombres y mujeres, que en vez de sentirse impelidos a comprar todo lo que ha logrado comprar una  familia  amiga,  sean  capaces  de  ir prescindiendo de muchas cosas, de las que otros en sus mismos ambientes han prescindido, y de las que la mayoría de la humanidad  se  ve  obligada  a  prescindir.  El antiguo consejo dado por los moralistas, a la hora de determinar lo que era el lujo inaceptable para un cristiano, se basaba en la directiva de asimilarnos, sin excesos, a lo  que  es  habitual  en  cada  nivel  social. Pero  ese  consejo  está  superado.  Supone una sociedad estática, preocupada por la justicia individual, pero que ni siquiera se plantea el que la misma estructura social (que  determina  esos  niveles  clasificatorios de los grupos sociales) sea ella misma una encarnación de la injusticia. Pero precisamente ese es el caso, y sólo es profundamente moral una actitud que tienda a desmontar y allanar los escalones socia- les establecidos. Desde otro punto de vista, hay que formar hombres y mujeres verdaderamente  libres  y  no  esclavos  de  la sociedad de consumo. Hombres y mujeres que ante los anuncios de la televisión y los escaparates de los almacenes sientan la satisfacción de poder exclamar, contentos de su propia libertad: ¡cuántas cosas hay que no necesito! ¡de cuántas no soy esclavo!

Mucho más brevemente voy a insinuar la segunda y tercera actitud fundamental.

Segunda: Decidido propósito no sólo de no participar en ningún lucro de origen claramente injusto, sino incluso de ir disminuyendo la propia participación en los beneficios de una estructura económica y social, injustamente organizada a favor de los más poderosos. No se trata ya de disminuir los gastos, sino, mucho más radicalmente, de disminuir los ingresos basados en estructuras injustas. Ello nos obliga de nuevo a marchar a contracorriente. En vez de tender a afianzar cada vez más nuestra posición de privilegio, hemos de ir debilitándola a favor de los menos favorecidos.  En  el  seno  de  las  Asociaciones  de Antiguos Alumnos se deberían hacer serios y sinceros análisis para determinar en qué casos y hasta qué punto la participación en el  producto  social  de  los  mejor  situados (dueños de grandes capitales, grandes industriales y financieros, profesionales bien instalados, etc.) no supera lo que debería ser, si la estructura fuese más justa. Os pe- diría que no os excluyáis demasiado rápidamente de este planteamiento; estoy con- vencido  de  que  toda  persona  de  cierta posición social se ve afectada por él, aun- que sea sólo en algunos aspectos, y aunque, respecto a grupos todavía más favorecidos, resulte injustamente discriminado. Pero no olvidemos que el punto decisivo de referencia son los verdaderamente pobres en nuestros países y en el tercer mundo.

La tercera actitud está muy conectada con la anterior. Tal vez sea posible reducir los gastos y llevar una vida mucho más sencilla, sin chocar demasiado con la sociedad, aunque en el fondo le desagrade nuestra actitud y por ello precisamente le haga bien. Pero si lo que pretendemos es reducir nuestros ingresos, en cuanto que ellos nos vienen de nuestra participación en una estructura injusta, ello no es posible hacerlo sin transformar la misma estructura. Entonces es inevitable que los que se sientan con nosotros desplazados de sus puestos de privilegio adopten una actitud de defensa y contraataque. Un recurso demasiado fácil sería la renuncia a todo puesto de influjo.

En algún caso el procedimiento puede ser conveniente, pero de ordinario sólo serviría para entregar el mundo entero en manos de los más egoístas. Aquí precisamente es donde radica la dificultad de la lucha por la justicia y la aludida necesidad de mediaciones.  Pero  aquí  también  podríamos hacernos mutuamente luz en el seno de las Asociaciones de Antiguos Alumnos. Deberíamos contar para ello con nuestros Antiguos Alumnos pertenecientes a la clase obrera. Si bien el enfoque de esta segunda parte de mi conferencia se ha movido en otras perspectivas, no conviene olvidar que los principales agentes de transformación y de cambio han de ser los más oprimidos, de los que los más privilegiados, al asumir su causa, son simples colaboradores instalados en los puntos de control de la estructura que se pretende cambiar.

Los subsidios son material de reflexión que les enviamos por si les sirven. Pueden servir para el trabajo de los grupos o para la reflexión personal. Si desean que les sean enviados, nos avisan.

  1. Un campeonato de cariño (Domingo 4 de enero de 2015)
  2. Un artículo memorable (Domingo 11 de enero de 2015)
  3. El sacramento de la sonrisa (Domingo 18 de enero de 2015)
  4. Libertad (Domingo 25 de enero de 2015)
  5. Gandhi (Domingo primero de febrero de 2015)
  6. El gozo de ser humano (Domingo ocho de febrero de 2015)
  7. Liderar con humildad (Domingo 15 de febrero de 2015)
  8. Una vaca para dejar atrás el conformismo (Domingo 22 de febrero de 2015)
  9. Diez frases sobre educadores (Domingo primero de marzo de 2015)
  10. La teoría de las ventanas rotas (Domingo 8 de marzo de 2015)
  11. El decálogo de la alegría (Domingo 15 de marzo de 2015)
  12. Romero 35 años después (Domingo 22 de marzo de 2015)
  13. Semana Santa (Domingo 29 de marzo de 2015)
  14. Resucitó (Domingo 5 de abril de 2015)
  15. Siete hábitos de las personas felices (Domingo 12 de abril de 2015)
  16. Eduardo Galeano. La pluma y la voz de América Latina (Domingo 19 de abril de 2015)

Fuente: P. Juan Algorta.

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