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El vómito obsceno del capitalismo | The Obscene Vomit of Capitalism

 
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El vómito obsceno del capitalismo | The Obscene Vomit of Capitalism
de System Administrator - sábado, 28 de noviembre de 2015, 16:17
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El Vómito Obsceno del Capitalismo

por Margarita Gómez Carrasco

 

Alicia Duvjone Ortiz

The Obscene Vomit of Capitalism

Cuando entrevisté a Alicia, a fines del 2010, ella estaba a punto de partir a Francia para quedarse a vivir allí definitivamente.

Poco tiempo antes, había hecho la presentación de su libro “¿Quién mató a Diego Duarte?”, crónica del asesinato de un cartonero, en el que se pregunta a viva voz sobre quiénes cae la responsabilidad de esa muerte.
Mientras avanzaba en la lectura, se me instaló este interrogante: ¿Todos habremos matado a Diego Duarte con la indiferencia? Se me ocurrió que tal vez Alicia no quiso ser cómplice silente y que por eso decidió contar aquel siniestro episodio, narrado desde las vísceras, “como una obligación moral”, según sus palabras.

A medida que nos adentramos en el libro, podemos advertir cómo esta artista fue corriendo el velo y desnudando los acontecimientos que le fueron poniendo fin a la cadena de silencio instalada en la sociedad.

He divido esta entrevista en dos publicaciones. En esta oportunidad, me referiré a la obra mencionada y en la segunda entrega incursionaré en el lanzamiento de su última obra, el primer libro de una trilogía, en la que cuenta la historia de Santa Teresa de Ávila y su goce místico.

En aquella tarde de calor recalcitrante, llegué obsesivamente puntual a nuestra cita. Alicia bajó para abrirme la puerta principal. Subimos dos pisos por escalera. Me llamó la atención que la puerta de su departamento estuviera abierta y pensé que podía deberse a un descuido. Las paredes lucían pletóricas de libros y de objetos de arte.

Alicia es esmirriada, moderna, con aire desenfadado. El cabello le llega hasta los hombros y cae lacio, oscuro y brillante, enmarcando un rostro sin tiempo, como si se hubiera detenido a los cuarenta años, aunque tiene muchos más.

Trajo dos tazas de café y nos pusimos a hablar como si nos conociéramos de antes.

Alicia habla con todo su cuerpo, actúa cuando habla, como si toda ella estuviera hecha de palabras.

-¿Cuándo comenzó esta historia?

-Cuando se agudizó el cartoneo, en el 2007. En ese momento hice el primer recorrido con Ernesto Paret, alias Lalo, alias Virgilio en mi libro, porque lo designo guía del infierno.

Sin él no habría podido ver nada de esto, es necesario encontrar un enganche con este mundo, pero él es un enganche muy particular porque es un verdadero dirigente, muy lúcido, una de las personas más lúcidas que conozco. Porque parte de una realidad, lo que cuenta tiene la inteligencia y además el hecho de que está tocando tierra permanentemente.

El me hizo hacer ese periplo que habrá durado dos meses en el 2007-2008. Después me fui a Francia porque vivo entre acá y allá. Durante ese viaje por el infierno me había llevado a ver a otra de las mujeres cacique que viven en el lugar, Lorena Pastoriza, una uruguaya que está en la Cooperativa 8 de Mayo, en el asentamiento sobre la basura, y ella me contó la historia de Diego Duarte.

Cuando volví, un año después, llamé a Lalo y le dije “ahora sí, llévame a ver a Alicia, la hermana de Diego Duarte”, porque tenía esta historia atragantada y me decía a mí misma que no era posible haber oído una historia así y no hacer nada. Era mi obligación, una obligación moral simplemente, no fue ningún placer escribirlo y acercarme a esto, pero lo tenía que hacer.

-¿Se tratará de cierta responsabilidad social que aparece en la poética del libro?

-Yo soy muy contrera; tengo realmente un temperamento anarquista, aunque soy un poco de izquierda por mi familia, y cuando muchos escritores hablaban de literatura del compromiso, yo no quería saber nada con esa literatura. Bien, pasan los siglos y yo (a la vejez, viruela) me encuentro con esta historia y no lo hago teóricamente porque hay que hacer literatura de compromiso, yo he huido siempre del “hay que”. Nunca me dejé mangonear por un grupo social político. Bueno… esta vez me llegó este tema, me llegó tanto que no podía no escribirlo. Yo creo que si hay algún logro en esta historia es porque yo me dejé escribir por ella.

-Es muy interesante la teoría de la basura libidinal…

-No es mi teoría, en este punto le dejé la palabra a los cartoneros mismos y a los especialistas en basurología; el más teórico de todos en el libro es Raúl Alvarez, abogado, quien tiene la teoría de la basura libidinal y la contracara del capitalismo que es la acumulación de capital y por otro lado la acumulación de basura. El que teoriza sobre esto es él, yo vengo de una actitud casi inocente porque me encanta empezar mis investigaciones de cero, sin saber nada… y si algo sé, me hago la que no sé. Pero en este caso realmente, venía de París y no sabía qué era el CEAMSE, de modo que parto de ahí y escucho. Creo que ahí está la ventaja de este libro: les doy el micrófono a ellos.

“Fui en persona disfrazada de ciruja”

-Pude advertir un eco silencioso entre los sistemas de poder en el libro. 

-Claro, hay una complicidad evidente, que se ve durante el proceso que estudié con lupa, no cabe la menor duda sobre la mala fe, las poquísimas ganas de sacar a la luz, y hay una complicidad evidente entre el CEAMSE y la Justicia. Esto es una cadena mortífera de complicidades, ¿por qué los cartoneros tienen que meterse en la basura orgánica hasta el codo para buscar las cosas que les sirven y por qué las cosas que sirven son arrojadas a la basura?. Entonces a quién favorece que haya basura, al CEAMSE que es una empresa mixta entre el Estado, la provincia y una empresa privada detrás. El CEAMSE cobra por tonelada de basura enterrada, al CEAMSE no le interesa que los cartoneros le saquen una mínima parte, entonces existe esta ley que se llama de “disposición final, fíjate vos la resonancia terrible:disposición final. Además en toda esta historia resuenan las palabras como campo de concentración, disposición final que por ley te obliga a que todo sea enterrado, el CEAMSE es favorecido, si ahí no hay una cadena de complicidad entonces yo soy Napoleón. Esa especie de vómito obsceno del capitalismo que vi en la colina del CEAMSE, cuando subí en persona disfrazada de ciruja.

Esta realidad me mostró el delirio capitalista que hace que se tiren muchísima cosas perfectamente comestibles, porque son alimentos no vencidos y son arrojados a la basura. Se encuentran electrodomésticos perfectos en la caja no vendidos. ¿Por qué? Y esta es la respuesta, porque la ley de disposición final obliga a tirar todo eso. Y un supermercado, aunque quisiera y tuviera que sacar de circulación salchichas, helados, patis, cosas que están bien todavía pero tal vez en un mes estarán vencidas… la pregunta es porqué no lo pueden poner en un contenedor afuera como se hace en España. Pero no, porque la ley de disposición final obliga a enterrar, porque el CEAMSE se favorece.

El  CEAMSE es un negocio, el de enterrar, y cobra por tonelada. A veces para taparles la boca a los cirujas más gritones hacen plantas sociales, hay unas cuantas plantas sociales en las que les dan un poquito de basura de costado a asociaciones para que ellos hagan la separación del orgánico y del inorgánico y también de lo reciclable, pero básicamente el negocio del CEAMSE es enterrar. Y la ley delirante que favorece el negocio del CEAMSE es la ley de disposición final.

Podría votarse una ley que hiciera que los vecinos debieran obligatoriamente separar sus residuos en tres bolsitas, no en dos. En París tengo en mi casa tres tachos de basura, uno para vidrio, otro para envases de plástico y papel y otro para orgánico, y si llegamos a mezclar el portero nos mata, y no es por concientización sino porque es una ley.

Aquí tenemos gente esperando en la vereda de enfrente a que vos tires tu basura, y si pensás en ellos porque tenes buen corazón, fantástico, pero no creo que haya que apelar al buen corazón, yo creo que tiene que haber una ley que obligue al vecino a separar en tres y eso ya es un comienzo de solución del problema. Pero eso no le conviene al CEAMSE porque quiere cobrar por toneladas y enterrar todo. El nudo de toda esta situación es el negocio del CEAMSE.

El Talmud dice que si salvás a una persona es como si salvaras el mundo. Y a esto lo asocio con tu nombramiento de madrina en el taller literario de la unidad 48 del penal de San Martín. Además el libro “¿Quién mató a Diego Duarte?” se lo dedicás a los internos. ¿Que nos podés contar al respecto?

-Eso fue muy importante, el libro está dedicado a ellos y aunque ya lo presenté en una librería de Palermo, ahora vamos a hacer la presentación en la Universidad de San Martín de mi libro y el de los presos, porque sus libros han sido hecho por ellos de tapas en cartón, es una belleza como objeto. Hay dos personas, Cristina Domenech y Pedro Nazar que trabajaron  en el taller literario de  la unidad penitenciaria y ayudaron a escribir a estos muchachos y han salido cosas maravillosas.

Todo esto me cambió la vida, yo no soy la misma persona desde que fui a la quema clandestina de basura, la que subió al CEAMSE o la que fue a la cárcel.

Yo había ido a una cárcel en mi vida, había ido a ver a mi padre cuando yo era chica. Mi padre era comunista y estuvo preso en la cárcel de Neuquén, yo tenía cinco años y fui a visitarlo, es otra visita que por supuesto me dividió la vida en dos porque además en ese momento me había quedado sin padre. Pero esta visita que hice ahora y verlos, en un pabellón de máxima seguridad, es decir que no son unos chorros cualquiera estos chicos y al mismo tiempo son los pibes del barrio, y son todos morochos del barrio, no hay ningún pibe de clase media ahí, uno los ve y entiende todo sólo de verles la cara.

Caras muy impresionantes para mí, como lo fueron las de todos los trabajadores de la basura, y las de todas las mujeres caciques fuertes que están organizando cooperativas y en cada una hay un centro cultural, con talleres de poesía, de teatro, todos tienen caras habitadas por dentro, caras iluminadas. Y los chicos de la calle aun más, porque están viviendo una situación límite y eso humaniza. Cuando uno sale de ahí y ve las caras del porteño de clase media, del chofer del taxi que putea con los cartoneros, uno se da cuenta de que quizás sea necesario pasar por una experiencia límite, aunque sería bueno humanizarse sin pasar por ella. Estos muchachos del penal se lanzaron a la poesía como si fuera, y lo era, lo único que tenían. Y por eso escribieron tan bien.

-Influyó en el cambio esa mirada como espejo invertido con la otra Alicia, la hermanastra de Diego, el protagonista del libro?

-Sí, es increíble, ella me lo dice todo el tiempo, esta formoseña con esa voz chiquita, vos te llamas Alicia Carmen y yo me llamo Carmen Alicia, tu bisnieto se llama Esteban y mi hermano se llama Federico Esteban, el padre biológico de Diego se llama Ortiz. Nos hicimos amigas, Alicia me escribe mails a París cantándome sus historias de amor… no hubo más barrera, yo me reflejaba en ellos, me veía en ellos. Mi vida fue muy difícil. Yo emigré, no digo que soy exiliada política porque no lo soy, pero me fui en la época de la dictadura con dos valijitas, mi hija de trece años y con una mano atrás y otra adelante. Entonces el resto de mi vida a partir de ahí, fue la guerra, yo iba a cumplir cuarenta años cuando me fui a la guerra, porque nunca tuve un empleo fijo, publiqué montones de libros y me fue muy bien, estoy traducida a veinte idiomas, pero el cotidiano fue siempre la batalla por el hecho de estar sola con una chica preadolescente y fue muy difícil y conocí situaciones limites. Por ese motivo me resulta muy accesible el marginal, muy comprensible, puedo entrar rápidamente en el problema de alguien que no sabe de qué va a vivir mañana, yo eso lo conozco. En otro nivel, pero lo conozco.

El mundo sin empleo que previó Mitterrand

-¿Crees que el Estado debería reflexionar si se encuentra más cerca de un paternalismo demagógico en vez de diseñar proyectos de desarrollo con continuidad y crear mano de trabajo?

-El tema es así: a mí me parecen muy bien todos los planes sociales, la asignación universal por hijo me parece excelente, la sociedad tiene el deber de ayudar, vivo en un país donde hay un Estado de providencia en ese sentido. Con todo eso estoy un ciento por ciento de acuerdo, lo que pasa es que para un gobierno es difícil de aceptar que estamos en un mundo sin trabajo, y éste no es un problema especialmente argentino. Por supuesto que la economía remontó después del 2001 después de la llegada de los Kirchner, y aunque no remontó completamente no es culpa de nadie. Antes de morirse Mitterrand, dirigiéndose a los pobres en el último discurso de los años 80, dijo: “no piensen que van a tener un empleo fijo toda la vida como lo tuvieron sus padres, éste es un mundo sin trabajo, arréglenselas con los laburitos”. Estaba pronosticando un mundo de precariedad, un mundo sin empleo. Yo entiendo que para un presidente es muy difícil estar mostrando los éxitos que ha tenido, es muy difícil decir: bueno sí, pero aparte de de eso, hay una amplia franja de la población que no tiene trabajo ni lo tendrá, los vamos a ayudar a recolectar basura. No es fácil. Y tienen que tragarse un sapo porque los cartoneros están allí y ellos se han inventado un modo de vida. Un modo asociativo que contiene un germen de anarquismo que a mí me interesa mucho, anarquismo en el sentido de la comuna, de la cooperativa, de la asociación. Ellos dicen: “somos veinte tipos que salimos a cirujear y que vendemos las botellas que juntamos”. Lo ideal sería que se los acompañara en eso que han descubierto.

-En la política también hace falta arte, tal vez el Estado debería emular la creatividad de toda esta gente y gobernar con más arte. ¿Será que el Ministerio de Desarrollo y Acción Social debiera crear un programa con continuidad, que los ayude a articular este descubrimiento e insertarlo en el circuito como un nuevo empleo?

-Eso ni que hablar. Los cirujas se han mostrado creativos a partir del 2001 cuando los tiraron a la basura y no tenían más que basura y de la basura vivieron y se asociaron. Ahora están creando lo que llaman estructuras subterráneas asociativas y eso es muy interesante porque es el principio de la autogestión y Lalo maneja cuarenta fábricas autogestionadas. Por otro lado es muy interesante lo que vos decís del arte, en este otro ámbito la demanda número uno de todas las personas de las que hablé son ¡libros! “Por favor”, me dicen, “hacé que tu editorial nos mande libros.”

-Al leer tu libro se me abrió un interrogante sobre uno de los personajes que giran en torno a la muerte de Diego Duarte, y haciendo alusión a nombres mitológicos  que tanto aparecen en tu libro, ante el silencio prolongado de Federico, pensé en la envidia de Caín.

-Está muy bien lo que decís, es un personaje muy curioso, ya de por sí todo esto descansa sobre el testimonio de Federico, le creemos a él porque era él quien estaba escondido bajo la bolsa cuando el policía le hace señas al maquinista de que tire la basura arriba de ellos y cae arriba de Diego.

Federico enseguida le fue a decir al maquinista: “Che acá esta mi hermano”, y el maquinista se rió y le dijo al compañero de máquina: “Che tapamos a un ciruja” y después él quedó en estado de shock y estaba aterrado: ¡qué le decía a la familia!

No llega a ser Caín, él no mató a su hermano. El vio como  su hermano era aniquilado por un poder que lo aterraba con toneladas de basura. Pongámonos en la piel de un chico aterrado, él, el último orejón del tarro, ¡un ciruja! ¿Cuántos chicos de clase media hubieran tenido el coraje de enfrentarse a la policía?

De Evita a Maradona

Este episodio entonces queda  librado para la fantasía del lector…

-No quise seguir adelante con la fantasía que yo también la tuve, ni con el personaje, porque me pareció injusto, porque es un chico muy joven, en aquel momento tenía 15 años, recién llegado de Formosa y se encuentra con otra realidad que no era el pueblito de Formosa, imagínate lo que es simplemente el miedo de subir de noche a la colina de la basura para ir a sacar cosas y de repente te tiren los reflectores encima y el policía dé la orden de tirar.

Yo elegí a Diego como historia porque es lo más emblemático, se llama Diego como Maradona, y Duarte como Evita, vive en la basura y muere debajo de la basura. Pero cuántos chicos fueron tiroteados por la policía, corridos como conejos a tiros por la noche o cuando en la noche los agarraban y los obligaban a desnudarse y el policía le decía al chico “negro pegate un baño” y el baño es la pileta donde está el jugo de la basura y de ahí salías o no salías. Cuántos casos hay que ni siquiera fueron denunciados.

La Disneyland de la basura

-En tu libro haces mención al anhelo de Diego, de hacerse millonario con la basura.

-Sí, qué tremendo ¿no? Qué tremendo que el sueño de un chico sea cirujear. El miraba esa colina de basura y decía: “en Buenos Aires nadie se puede morir de hambre, toda esa colina llena de tesoros, yo si pudiera sacar todo eso de allí me volvería millonario”. Y el sueño era volver a su pueblito natal rico, gracias a la basura y mostrarles a sus parientes que algún día lo habían despreciado. ¡El iba a mostrarles hasta donde había llegado! Un sueño tremendo, patético que un chico sueñe con eso y no con estudiar o trabajar. Es que como dice Lorena Pastoriza: el CEAMSE es Disneyland. El universo de la fantasía, y eso yo lo vi, te subís ahí y es encontrarte con la colina del tesoro.

-Ese anhelo de ser millonario es un problema, ¿no? 

-Claro, los chicos pobres, cuando yo era chica, a veces andaban en alpargatas y a veces con el dedo afuera, en cambio los chicos que cirujean se quieren comprar ropa que parezca de marca. Es que la sociedad de consumo te muestra desde una vidriera y te hace desear cosas extraordinarias, no lo útil, no lo simple. Yo creo profundamente después de este recorrido en una teoría que empieza a desarrollarse mucho por lo menos en Francia, y es el de crecimiento, esta locura de acumular objetos y después de acumulación de desechos, viene con un crecimiento desaforado, yo creo que este sistema de crecimiento ilimitado se va a estrellar contra la pared y que la única solución es volver un poco atrás, es decir volver a los años 60, esta es la teoría, no volver a la edad media, en los años 60 todos teníamos un par de zapatos, no teníamos veinte. Si eran de marca o no, a nadie le importaba, volver a términos mucho más razonables.

Hacés muy bien en notar eso, el ciruja también desea y desea millones, porque también la oferta le está mostrando es eso. Lorena Pastoriza me decía “si vos vieras las maravillas que nos comemos”. Yo creía que me estaba jodiendo y ¡no! Los supermercados tiran latas carísimas sólo porque tiene una pequeña abolladura y el rico que va comprar centolla de no se dónde,  o ciervo patagónico no la compra si encuentra la lata apenas abollada. Los cirujas comen eso. Es una historia de dementes…

The Obscene Vomit of Capitalism

by Margarita Gómez Carrasco

 

Alicia Duvjone Ortiz

When I interviewed Alicia Dujovne Ortiz, at the end of 2010, she was just about to return for France for good.
Shortly before, she had presented her book “¿Quién mató a Diego Duarte?” [“Who Killed Diego Duarte?”], the chronicle of a teenage cartonero (or “unofficial trash collector,” commonly seen in Buenos Aires since Argentina’s economic crisis) in which she asks herself aloud who bears the responsibility for this still-unsolved murder.
As I read her new book, the question arose in me: Didn’t we all kill Diego Duarte with our indifference? Since Alicia couldn’t have wanted to be a silent accomplice, she decided to recount this grim episode – so viscerally told – as she herself says, “out of moral obligation.” To enter into the book is to watch this artist drawing aside the veil and laying bare events that put an end to the chain of silence that has fallen over our society.
My interview with the author actually divided into two parts. Here, I’m reproducing only the part about this book; in the next issue my conversation with her will concern the release of her latest book, the first in a trilogy, in which she tells the story of Saint Teresa of Avila and her mystic jouissance.

Our interview took place on a relentlessly hot afternoon. Alicia came down to open the main door, and led me up two flights of stairs to her apartment. As we got there, I was struck that the apartment door was open, and thought it must have been so by an oversight. The walls were lined with books and art works.

Alicia is slight, modern, carefree in attitude. Her shoulder-length hair is straight, dark, and lustrous, shiny, framing a timeless face, one that seems to have stopped ageing at forty, though it’s much older than that.
She brought in two cups of coffee and we began talking as though we were old acquaintances.

Alicia puts her whole body into her speaking, performs when she speaks, as though she were made entirely of words.

-¿When did this story begin for you? 

-When the situation of “informal recycling” worsened, in 2007. At that moment I made my first rounds with Ernesto Paret, alias Lalo, alias Virgilio in my book, the name I thought I should give a guide through hell.
Without him I couldn’t have seen any of what I saw. It’s essential to make a connection in the world I’m telling about in the book, but he’s a very special connection, because he’s a true leader there, and he’s also very lucid, one of the most lucid people I know. Because he comes from that reality, he can speak about it intelligently; but beyond that, he’s also just someone who always has his feet on the ground.

He’s the one who set me on these long wanderings, which lasted about two months between 2007 and 2008. After that I went to France, since I divide my time between here and there. In the course of that voyage through hell he’d taken me to met one of the commanding women figures in that world, Lorena Pastoriza, an Uruguayan who’s in the 8 de Mayo Cooperative, in the shanty town built over the dumpsite, and she told me the story of Diego Duarte.

When I returned, a year later, I called Lalo and said to him, “Now, yes, you can take me to see Alicia, Diego Duarte’s sister,” because I had this story stuck in my throat and I’d told myself that it wasn’t possible to have heard such a thing and not do something. It was my obligation, simply a moral obligation; it was no pleasure to write it and or to be close to any of this, but I had to do it.

– It’s a matter, then, of a certain social responsibility that enters into the poetics of the book? 

-I’m quite a contrarian: I have an anarchist’s temperament, though I’m a bit to the left for my family, and when many writers have spoken of a literature of commitment, I’ve never wanted to know anything about such literature. Well, centuries pass and I, as we say here, “had to get old to get the measles,” – I find myself with this story and I’m not doing it because theoretically you have to produce “committed literature,” I’ve always fled the words “have to.” I never let myself be bossed around by any socio-political group. Anyway… this time this topic came to me, and it got to me so much I couldn’t not write it out. I think if there’s any success in this story it’s because I let it write me.

-The theory of libidinal garbage is quite interesting… 

-That’s  not my theory, on that point I let the cartoneros themselves have the word, and the specialists in “basurología,” “garbage studies”; the most theoretical of them all is Raúl Alvarez, a lawyer who has this theory of libidinal garbage and the flip side of capitalism: the accumulation of capital on one side, and on the other, the accumulation of garbage. He’s theorized that, and I came to the topic with an almost innocent attitude, because I love starting my investigations from scratch, without knowing anything … or if I do know something, I make myself do what I don’t know. But in this case, really, I was coming from Paris, and I didn’t even know what the CEAMSE is [the Argentine environmental agency – trans.], so I started from there and listened. I think the advantage of this book lies in that: that I pass them the microphone.

“I went out disguised as a tramp”… 

– Reading this book I deteced an echo of silence on the part of those in power. 

-Right, there’s an obvious complicity, which you see during the process I was minutely examining, there isn’t the least doubt about the bad faith involved there, the very little desire the powers that be show in bringing anything to light, and there’s an obvious complicity between the CEAMSE and the justice system. There’s a deadly chain of complicities, or why else do the cartoneros have to put themselves in organic garbage up to their elbows to hunt for things they can use, and why are the things they can use tossed into the garbage? Whom does it benefit, then, for there to be so much garbage? The CEAMSE, which is a mixed business, divided between the federal State, the province, and a private business behind them. The  CEAMSE charges by the ton of buried garbage, it’s not in the interest of the CEAMSE that the cartoneros remove the least item from that tonnage, and so there exists this law they call “final disposal,” “disposición final, – just listen to the awful resonance of that term: disposición final. Beyond this whole story there are echoes of terms like concentration camp, final disposal which by law obliges you to bury everything – the CEAMSE has that privilege, so if there isn’t a chain of complicity at work here, then I’m Napoleon. The sort of obscene vomit of capitalism I saw on the hill of the CEAMSE, when I climbed up there disguised as a hobo.

This reality showed me the delirium of capitalism, which makes people throw out a great amount of perfectly edible food, because it hasn’t yet expired, but still get tossed onto the garbage heap. You find perfect home applianes perfectly wrapped and unsold. Why? The answer they give is: because the law of final disposalrequires that all this be trashed. And a supermarket, although it may want and may have to withdraw from circulation sausages, ice cream, ground beef, things that are fine still though maybe in a month they’ll reach their expiration date, … the question is why they can’t put them outside in a container, as they do in Spain. But no, the law of final disposal requires all this be buried, so the CEAMSE can profit.
The CEAMSE is a business, it’s in the business of burial, and it charges by the ton. Sometimes, to hush up the most outspoken of the ‘bums,’ they create “social plants,” there are x-many “social plants” around, in which they give a bit of spare garbage to associations so they can separate the organic and non-organic and also the recyclable stuff, though basically the business of the CEAMSE is burial. And the insane law that helps the business of the CEAMSE is the law of final disposal.
A law could be voted in requiring residents to separate their trash into three bags, not into two. In my apartment in Paris I have three trash bins, one for glass, one for plastic containers and paper, and another for organic material, and if we mix any of these the concierge is ready to kill us, and not out of any ecological high-mindedness, but because it’s a law.

Here we have people waiting on the sidewalk opposite  to where you throw out your garbage, and if you think of them it’s because you have a good heart, which is great, but I don’t think it should have to call for anyone’s good heart, I think there should just be a law requiring residents to separate everything into three, and then you’ve already started to solve the problem. But that doesn’t suit the CEAMSE, because it wants to charge by the ton and bury everything. The crux of this whole situation is the business the CEAMSE does.

– The Talmud says if you save one person it’s as if you’re saving the world. And I associate that with your being named as a “godmother” or “patron” of a literary workshop in prison unit 48 of the San Martín prison. You’ve also dedicated ¿Quién mató a Diego Duarte?” to those inmates. Can you tell us something about that?

-That was very important, the book being dedicated to them, and although I presented the book in a bookstore in Palermo [a fashionable district in Buenos Aires, transl.], there’s going to be another presentation of it, at the Universidad de San Martín, along with their books, which have been made with cardboard covers, and are really beautiful objects. There are two people, Cristina Domenech and Pedro Nazar, who worked in the writing workshop and they helped those boys with their writing, and they brought out wonderful things.

All that changed my life, I’m not the same person ever since I went to that clandestine dumping ground, climbed up to the CEAMSE, or entered that prison.
I’d been in a prison before, when I was little, in fact, to visit my father. He was a communist, and was put into prison in Neuquén, I was five years old and went to visit him; it’s another visit that, of course, divided my life in two, since up to that moment I’d been left fatherless. But this visit I made now to see these guys in a maximum security ward – it means those kids aren’t just some thieves, and at the same time, they’re kids from the barrio, all dark kids from the barrio, there isn’t a single middle-class kid there, you see them and you understand everything just seeing their faces.

Very impressive faces for me, as were those of the garbage-workers, and those of all those strong, commander-type women who organize the cooperatives; at every one of them there’s a cultural center, with poetry workshops, theater workshops, they all have faces with life inside them, lit from within, illuminated faces. And the street kids even more so, because they’re living a situation on the edge, and that humanizes you. When you leave there and see the faces of the urban Buenos Aires middle class, the taxi driver who curses at the cartoneros, you realize it may be necessary to go through a border-situation, though it would be nice to be humanized without having to go through that. Those boys in the prison flung themselves into poetry as if it were the only thing they had – as in fact it was. That’s why they wrote so well.

-On the other hand wasn’t it a sort of inverted mirror gaze that influenced the relation you had to the other Alicia, the stepsister of Diego, the protagonist of the book?

-Yes, it’s incredible, as she tells me all the time, that woman from Formosa province with her little voice: Your name’s Alicia Carmen and my name is Carmen Alicia, your great-grandson’s named Esteban and my brother’s named Federico Esteban, and Diego’s biological father is named Ortiz. We became friends; Alicia writes me e-mails to Paris, she practically sings to me about her love affairs … there was no more barrier there, I was reflected in those people, I saw myself in them. My life was very hard. I emigrated, I won’t say I’m a political exile, because I’m not, but I did leave during the dictatorship with two suitcases, my 13-year-old daughter, and with one hand in back of me and one in front. So the rest of my life from then on was war, I was about to turn forty when I went off to the war, because I never had a steady job; I published heaps of books and I made out quite well, I’m translated into twenty languages, but daily existence was always a grind, since I was all alone with a preadolescent girl and it was very hard – I too had my share of situtions on the edge. For that reason the marginal is quite accessible for me, quite understandable, I can enter quickly into the problem of someone who doesn’t know what he’s going to live on tomorrow, I know that experience. Granted, on another level, but I know it.

The jobless world Mitterrand predicted

-¿Do you think the State should reflect if it finds itself closer to a demagogic paternalism, instead of designing development projects with some continuity and creating work? 

-It’s like this: I think all social plans are fine, the new universal allotment here for every child seems excellent to me, society has the obligation to help; I live in a country where there is a providential State in that sense. I’m a hundred percent in agreement with that, what happens is that, for a government it’s hard to accept the fact that we’re in a world without work, and this isn’t a particularly Argentine problem. Of course the economy picked up again after 2001, after the Kirchners came in, and although it never picked up completely, that’s no one’s fault. Shortly before his death Mitterrand, addressing the poor in his last speech in the ‘80s, said: “Don’t think you’re going to have stable employment all your life like your parents had, this is a world without work, make do with small jobs.” He was prognosticating a world of precariousness, a world without work. I understand that for a president it’s very difficult to be showing off the successes he’s had, it’s very difficult to say: yes, fine, but aside from that there’s a broad fringe of the population that has no work and isn’t going to have it, let’s help them by collecting trash. That’s not easy. And they have to eat their hat because the cartoneros are there and have created a way of life for themselves. A form of association that contains a germ of anarchism that interests me a lot, anarchism in the sense of communality, the cooperative, the association. They say: “We’re twenty guys who go around scavenging and we sell the bottles we collect.” The ideal thing would be to help them out with what they’ve discovered they can do.

-Politics too needs art, maybe the State should emulate the creativity of all those people and govern more artfully. Should the Ministry of Development and Social Action create a follow-up program that helps them link up this discovery and fit it into the circuit as a new form of employment? 

Obviously yes. The ‘bums,’ the scavengers have shown their creativeness ever since 2001 when they threw them into the garbage and they had only garbage, and lived off that garbage and formed an association out of it. Now they’re creating underground associative structures, which is very interesting, because it’s the principle of self-management, and Lalo now handles forty self- managed factories. On the other hand what you say about art is  very interesting: in this other world, the number-one request that everyone I spoke to made is: books! “Please,” they tell me, “get your publisher to send us books!”

-Reading your book raised a question for me about one of the characters who circle around the death of Diego Duarte; and making reference to the mythological names that appear so often in the book, when I encountered the character Federico’s prolonged silence, I thought of the envy of Cain. 

– It’s good, what you’re saying, he’s a very curious character in his own right; everything rests on Federico’s testimony, and we believe him, because it was he who hid himself under a bag when the cop signals to the machine-operator to empty the garbage over them and it falls on top of Diego.

Federico then went up to the machine-operator to say: “Hey, my brother’s in there,” and the machine-operator laughed and said to his fellow operator: “Hey, we’ve covered up a bum”; and after that, Federico was in shock and terrified to think: What would he tell his family?!

But he didn’t turn into a Cain, because he didn’t kill his brother. He saw how his brother got annihilated by a power that literally buried him. If we put ourselves in this kid’s skin, a kid who’s terrified, and besides that, the bottom of the barrel, so to speak, a scavenger! How many middle-class kids would have had the guts to confront the police?

From Evita to Maradona

 This episode, then, is left to the reader’s imagination… 

-I didn’t want to go on with my own fantasy there, or with the character, because it struck me as unfair, since he’s a very young kid, at that moment he was 15 years old, he had just come from Formosa province, and finds himself in another reality that certainly isn’t his little village in Formosa; just imagine the fear of climbing at night to the garbage hill to pick things out and suddenly finding the highbeams trained on you and the police giving orders to shoot.

I chose Diego as a story because his is the most emblematic, he’s named Diego like Maradona, and Duarte like Evita, he lives in garbage and dies under garbage. But how many kids have been shot at by the police, made to run through the night, shot at like rabbits used for target practice, and at night, they would grab them and force them to strip and the cop would say to a kid, “It’s bath-time, blackie!” and the ‘bath’ is the pool with all the juices  oozing from the garbage, and you either come out of  there or you don’t. How many cases are there that have never even been reported?

Garbage’s Disneyland

-In your book you mention Diego’s desire to become a millionaire through garbage.

-Yes, isn’t that awful? How awful that a kid’s dream should be to scavenge. He looked up at that mound of trash and said: “in Buenos Aires no one can die of hunger, that whole hill’s full of treasure, and if I could just pick it all out I’d be a millionaire.” And his dream was to return to his village rich, thanks to the garbage, and show his relatives, who had only treated him with contempt. He was going to show them how far he had come! A terrible dream, pathetic that some kid should dream of that and not of studying or working. It’s like Lorena Pastoriza says: the CEAMSE is Disneyland. A fantasy universe; and I saw that, you go up there and you find this hill of treasure.

-That desire to be a millionaire is a problem, isn’t it? 

-Well, of course, poor kids, when I was little, sometimes went around in rope-soled sandals, sometimes with a toe sticking out, whereas today, the kids who scavenge want to buy themselves clothing that looks like it’s brand-name. It’s that consumer society shows you stuff in a shop-window and makes you want extraordinary things, not useful things, or simple things. After this experience I strongly believe in a theory that’s developing, at least in France, and is expanding: this madness of accumulating objects and later accumulating debris, cast-offs, comes with a huge, outrageous growth, I believe that this system of unlimited growth is going to come crashing against the wall, and the only solution is to go backwards a bit, that is to say, return to the 1960s, that’s the theory, not to return to the Middle Ages; in the ‘60s we all had one pair of shoes, not 20 pairs. No one cared if they were brand-name or not. We have to come back to much more reasonable terms.

You’re very right to point that out, the scavenger also has his desires, his  cravings, and he wants millions, because the supply side is showing all this stuff to him too. Lorena Pastoriza would say to me, “if you could see the great things we eat!” I thought she was kidding me, but no! The supermarkets throw out very expensive canned food just because the cans have a little nick in them, and the rich person who goes there to buy crab meat from who knows where, or venison from Patagonia won’t  buy it if he finds the tiniest dent in the tin. The scavengers eat that. What an insane business!

Link: http://elgranotro.com.ar