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by System Administrator - Monday, 24 July 2017, 12:37 AM
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Post-Truth | Post-Verdad: Una guía para los confundidos

por Kathleen HigginsRevista Nature

Si los políticos pueden mentir sin condena ¿qué deben hacer los científicos?

El diccionario Oxford nombró a post-truth (post-verdad) como la palabra del año 2016. Esto debe sonar extraño para los científicos. Para la ciencia, la búsqueda del conocimiento sobre la realidad presupone la importancia de la verdad, tanto como un fin en sí mismo como un medio para resolver problemas. Entonces ¿Cómo podría la verdad convertirse en algo pasado de moda?

Para los filósofos como yo, la post-verdad también va contra la naturaleza. Pero a raíz de las elecciones presidenciales de Estados Unidos y las campañas aparentemente interminables que la precedieron, la declaración del autor Ralph Keyes en 2004 acerca de que hemos llegado a una era posterior a la verdad se vuelve angustiantemente plausible.

La post-verdad se refiere a las mentiras descaradas que son ya parte de la rutina de la sociedad, y significa que los políticos pueden mentir sin ninguna sanción. Esto es diferente al  cliché que dice que todos los políticos mienten y hacen promesas que no tienen intención de mantener –esto todavía espera que la honestidad sea la postura por defecto–. En un mundo posterior a la verdad, esta expectativa ya no se cumple.

Esto puede explicar la situación política actual en Estados Unidos y en otros lugares. La tolerancia pública a las acusaciones inexactas y sin sustento, las respuestas cambiantes a preguntas difíciles y las negaciones directas de los hechos es sorprendentemente alta. La repetición de los puntos de conversación pasa por discusión política y el serio interés en los temas y las opciones se trata como la idiosincrasia de los nerdos. La falta de indignación pública cuando las figuras políticas se muestran incrédulas como respuesta al consenso científico sobre el cambio climático es parte de este amplio patrón. “No me molestes con hechos” ya no es un chiste. Se ha convertido en una postura política. Sin embargo, vale la pena recordar que no siempre ha sido así: la revelación de las mentiras del expresidente de  Estados Unidos Richard Nixon fue recibida con indignación.

Uno podría sentirse tentado de culpar a la filosofía por la post-verdad. Algunos de nosotros escribimos sobre el relativismo epistémico, la opinión de que la verdad puede variar dependiendo del contexto. Sin embargo, el relativismo es relativo. Un relativista extremo podría sostener que la verdad varía de persona a persona, una posición que no deja mucho espacio para el debate. Pero las posiciones más racionales también pueden implicar al menos un mínimo de relativismo. En cierto sentido, incluso la afirmación bastante razonable del filósofo del siglo XVIII Immanuel Kant acerca de que nunca podremos saber cómo son las cosas “en sí mismas” –independientemente de cómo nuestras mentes forman lo que percibimos– es una posición relativista. Esto implica que lo que es verdad para el mundo de los seres humanos es probablemente diferente de lo que es verdad para una mosca. Los entomólogos seguramente estarán de acuerdo.

Las formas más radicales de relativismo son a menudo denunciadas como los responsables de socavar los valores básicos. Friedrich Nietzsche, el filósofo del siglo XIX, es a menudo invocado para justificar la post-verdad, él era tan relativista, y sugiere a veces que el engaño es abundante y no debe rechazarse categóricamente. Su punto es complicar nuestra visión del comportamiento humano y objetar las certezas morales que alientan los juicios en blanco y negro sobre lo que es bueno y lo que es malo. Por lo tanto, niega que haya hechos morales, diciendo que solo tenemos “interpretaciones morales” y, al hacerlo, niega que las afirmaciones morales son incondicionalmente verdaderas. Pero esto no significa que no haya verdad. Incluso cuando afirma que nuestras verdades equivalen a nuestros “errores irrefutables”, está señalando la exagerada claridad de las abstracciones en comparación con la realidad empírica.

De hecho, contrariamente a la forma en que se presenta a menudo, Nietzsche sostuvo la honestidad intelectual como bandera. Sus rechazos más fuertes de la “verdad” se dirigen no a la verdad en sí misma, sino a lo que se ha afirmado como verdad. Sí, Nietzsche era un elitista, escéptico de la democracia y, por lo tanto, su trabajo no necesariamente culpa a los líderes de hablarle de forma condescendiente al público. Pero señala la inconsistencia de los profesores religiosos que asumen que tienen el derecho de mentir.

Cuando los dirigentes políticos no hacen ningún esfuerzo por garantizar que sus “hechos” se sometan a un escrutinio, solo podemos concluir que adoptan una visión arrogante ante el público. Ellos sienten que tienen garantizado el derecho de mentir, quizás particularmente cuando las mentiras son transparentes. Muchos de los electores parecen no entender el desprecio involucrado, quizás porque les gustaría pensar que su candidato favorito es por lo menos bien intencionado y no los engañaría deliberadamente.

Una gran parte del público oye lo que quiere oír, porque muchas personas obtienen sus noticias exclusivamente de fuentes que están de acuerdo con su sesgo. Pero los líderes despectivos y los votantes que se contentan con agitar su mano y las entretenidas fanfarronerías socavan la idea democrática de gobernar por el pueblo. La ironía es que los políticos que se benefician de las tendencias post-verdad también dependen de la verdad, pero no porque se adhieran a ella. Dependen de la tendencia bondadosa de la mayoría de la gente a confiar en que otros están diciendo la verdad, por lo menos la mayoría extensa del tiempo.

Los científicos y los filósofos deben estar sorprendidos por la idea de la post-verdad y deben hablar cuando los resultados científicos son ignorados por los que están en el poder o tratados como meros asuntos de fe. Los científicos deben recordar a la sociedad la importancia de la misión social de la ciencia: proporcionar la mejor información posible como base para las políticas públicas. Y deben afirmar públicamente las virtudes intelectuales que tan eficazmente modelan: pensamiento crítico, investigación sostenida y revisión de las creencias sobre la base de la evidencia. Otra línea de Nietzsche es especialmente pertinente ahora: “¡Tres aplausos por la física! –y aún más por el motivo que nos impulsa hacia la física– ¡nuestra honestidad!”