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Nacimientos Prematuros ("Ochenta por ciento")

by System Administrator - Thursday, 27 November 2014, 3:32 PM
 

Un conmovedor relato de nuestro nuevo libro "Historias prematuras"

"Ochenta por ciento"

por Ana Cerri

Un libro acerca de nacimientos prematuros realizado por IntraMed y UNICEF. Emoción y toma de conciencia en un encuentro entre medicina y literatura. El relato de Ana Cerri forma parte de la obra.

Fuente: IntraMed 

Llegamos a casa con el corazón en un puño. Julián apretaba mi mano tan fuertemente que me hacía doler. Doler con un dolor que no era nada comparado con lo que los dos sentíamos adentro, quemándonos.

Él se recostó; estaba extenuado. Yo di vueltas un rato tratando de hacer algo: acomodar, buscar…algo. Me fue imposible.

-Tengo que saber, me dije.

Y casi sin pensarlo, encendí la PC y escribí en la página del buscador: PREMATUROS.

Nuestra hija, Mercedes, había quedado en la clínica, desnuda, enchufada, pequeñísima y desvalida de nuestro abrazo. Fui una paciente pre-eclámptica, primeriza y, a pesar de los controles periódicos, esto nos tomó de sorpresa. Mercedes nació con ventiocho semanas de gestación y alto riesgo de no superar la prueba que significa la prematuridad.

“Veinte por ciento de posibilidades”.

Entendí claramente: junto con los hijos nacen los padres y ahora sé también que con un prematuro, nacen padres de prematuros y que esta marca la llevamos toda la vida.

El día que volvimos de la clínica a casa estábamos muertos de soledad, desvalidos de información. Nada, prácticamente nada nos dijo el único médico que tenía a su cargo la parte de neonatología. Pocas palabras, difíciles de comprender y acompañadas por una mirada fría que se estrellaba en los azulejos del pasillo.

“Veinte por ciento de posibilidades”.

Fue ese día que encendí la PC y busqué: PREMATUROS. Busqué, pero no podía quedarme quieta. Iba con el procesador de la cocina a la sala, y de nuevo a la cocina y otra vez a la sala y siempre era la misma sensación: la de hacerme pedazos contra el vidrio que mantenía a Mercedes lejos de mí, lejos de su padre, acariciada solo por vías y tubos plásticos, encadenada a un veinte por ciento de esperanzas de vivir.

Había un hueco en mi cuerpo; un asombro en mi vientre deshabitado de golpe; un desasosiego que me tenía como un fantasma deambulando con la laptop de un lado para otro mientras en el casillero de Google me esperaba una palabra: PREMATUROS.

“Veinte por ciento de posibilidades”.

A veces, ser arrojados de pronto y sin aviso a la realidad, suele ser una bendición.

Entré sosteniendo la PC como si fuera una bandeja al cuarto que habíamos empezado a preparar para Mercedes. Nada del otro mundo. Una habitación pequeña, recién pintada por su papá; un cambiador, una mesa chica y una silla. No había cuna. Ella se había adelantado sin darnos tiempo a casi nada más que a lo que, de a poco, pudimos ir poniendo. Somos gente de trabajo, vivimos bien pero sin exageraciones y nos fuimos dando el tiempo para componer el lugar que sería de nuestra hija por unos cuantos años. Tampoco tenía mucha ropa aún. La que estaba sobre la mesa, comprada por sus abuelas y eso sí, pañales que íbamos trayendo nosotros cada vez que podíamos, pañales buenos.

Apoyé la PC y acerqué la silla. Lloré mucho tiempo sentada ahí. Quería seguir llorando y no parar; vaciarme de todo el dolor que me mordía las entrañas, pero había sido arrojada a la realidad: era una madre prematura con una hijita prematura; un esposo, padre prematuro y un médico pétreo, ajeno al ansia de una palabra a la que aferrarnos.

Las mujeres solemos ser más fuertes en situaciones así, o más arriesgadas, tal vez. Decidí entonces, ponerme al frente de la prematuridad. Ahora sé: es lo que haría toda madre. Y lo haría a pesar del “veinte por ciento de posibilidades”.

Salí del cuarto, me lavé la cara, hice café mientras, con la ventana de la cocina abierta, dejaba entrar el aire; después volví al cuarto de nuestra hija: al cuarto inconcluso de la “inconclusa” y casi desconocida Mercedes. Así lo hice durante un mes y diez días cada vez que regresaba de la clínica, de esperar inútilmente en el pasillo, de enfrentarme con la escasa y poco convincente explicación que dejaba como al pasar el médico. Anoté en mi cabeza palabra por palabra, siempre insuficientes, duras, secas; las repetí con tozudez y las busqué con esperanza y desesperación al mismo tiempo, tratando de entender.

La espera de un enfermo o de alguien que tiene un ser amado en esa situación es desoladora, pero lo es más cuando quien tiene que contener, ir diciendo las cosas, marcar las posibilidades, habla difícil o pasa de largo.

Hice mi camino entonces. Hablo en primera persona porque era yo quien se empecinaba en tener toda la información pero, siempre a mi lado, compartiendo, preguntando y escuchando, estaba Julián. Nos estábamos haciendo más unidos en esta orfandad de hija en brazos. La familia también estaba muy cerca y todos tratábamos de espantar la frase más repetida, más hiriente: “veinte por ciento de posibilidades”.

Supe que la pre-eclampsia también era llamada la “enfermedad de las teorías”; conocí los porcentajes de madres que pasan por esa situación; cuántas viven; cuántas mueren; cuántos bebés superan y cuántos no, las consecuencias del nacimiento antes de tiempo. Volvíamos dos, tres y más veces por día a la clínica con Julián y seguíamos chocándonos con la negativa.

“No se puede, es peligroso, no hay adelantos, pesa un poco menos, no podemos alimentarla, no hay que moverla…”.

No, todo no, siempre no.

Pero mediaba la bendición del golpe contra la realidad y me sentí guerrera. Guerrera con una computadora como arma y montada en el dolor y la intuición. Guerrera detrás de un vidrio que frecuentemente empañaba con lágrimas; guerrera decidida a no flaquear. Un mes y diez días así, queriendo comprobar de lejos si su piel era demasiado fina, si sus orejitas se hacían algo más grandes, si se movía un poco, si su cuerpito se ponía más a tono con la cabeza que parecía enorme, desproporcionada. Un mes y diez días con el frío informe del médico y la indiferencia de las enfermeras, hasta que este golpe contra la realidad arrancó de mí el grito ancestral del parto y lo puso en una sola palabra: ¡BASTA! Esa espera era inútil, como inútil eran mis pechos rebosantes y el intento de humanizar al equipo que no era equipo.

El día del hartazgo nos hablaron brevemente de ductus arterioso y de una operación del corazón como única salida. No esperamos el final de semejante despropósito. Tomados de la mano más fuertemente que nunca, volvimos a casa. Julián tenía los ojos hinchados, lloraba en silencio. Preparé algo caliente para los dos y le pedí que se acostara, que tratara de descansar. Él debía seguir trabajando como si nada ocurriese. Me quedé a su lado hasta que se durmió y volví al cuarto de Mercedes.

Ductus arterioso: afección en la cual un vaso sanguíneo no se cierra. La palabra "persistente" significa abierto. El conducto arterial permite que la sangre circule alrededor de los pulmones del bebé. Poco después de que el bebé nace y los pulmones se llenan de aire, el conducto arterial ya no se necesita. Por lo regular, se cierra en un par de días después del nacimiento. …

Pulmones, corazón: Clínica Favaloro.

Rápidamente llamé y con una atención a la que no estaba acostumbrada, me dieron los datos y las razones por las que era conveniente comunicarnos directamente con el Hospital Garrahan.

-Ahí todo funciona a la perfección y son especializados, me dijeron.

Hospital Garrahan: de mi parte la decisión estaba tomada y es más, sentí que debimos haberla tomado antes de que pasara ese terrible mes. Ya por teléfono, solamente por teléfono, pude percibir la preocupación, el interés y la profesionalidad. Fue como sacar la cabeza del agua después de haber estado hundida hasta no poder más.

A la mañana bien temprano le dije a Julián lo que pensaba. Había hecho todas las averiguaciones por mi cuenta. No quería que él albergara esperanzas inútilmente. Cuando todo me quedó claro, le conté; si estaba de acuerdo, ya mismo lo pondríamos en práctica. Sentí, por primera vez, que me miraba confiado, descansando en mí, y eso me alentó.

Tomé los teléfonos, hice los contactos, anoté nombres, mandé mails y corrí. Aunque fuese desde lejos, quería verla. Me aferré al vidrio sin llanto y a la distancia le prometí a Mercedes que no habría ductus arterioso ni frialdad médica ni nada, absolutamente nada que pudiera detenernos. Ahora, había que apelar a la serenidad y bajar el grado de desasociego que, casi siempre, juega en contra.

Buenos Aires queda a noventa kilómetros de aquí. Hay más de una hora de viaje. Había que contar con una ambulancia de alta complejidad para traslado de prematuros. La incubadora es el vientre materno fuera del cuerpo y los cambios de temperatura son muy riesgosos.

Debíamos empezar dando pasos justos y no sería fácil. Nos opusimos terminantemente a la operación como nos aconsejaron desde el hospital. Lo hicimos terminantemente y soportando la resistencia que nos presentaron. Cuando supimos que la unidad de traslado estaba lista, firmamos los papeles el alta voluntaria asumiendo toda la responsabilidad sobre los peligros a los que, se suponía, Mercedes sería expuesta.

La palabra segura y cálida tiene el poder del agua en el desierto: sacia. Desde la llegada de la ambulancia, notamos que todo era distinto. Particularmente, sentí como si entrase en un ámbito de protección en el que sostenerme, sería mucho menos desgastante y penoso.

Esa fue la primera noche en mucho tiempo en que pude dormir un poco más y sin los sobresaltos de las otras, en las que me paseaba por el cuarto de nuestra hija sin dejarle paso al sueño. Dormirme me parecía un abandono más; era como abandonarla a un desamparo mayor.

Llegó la unidad de traslado. Todo lo indispensable para que quedase claro que era nuestra voluntad salir de allí, estaba firmado. Había sol ese día de abril. Un sol cálido que bailoteaba entre los fresnos rabiosamente amarillos. No lo noté hasta entonces, pero había perdido la capacidad de apreciar colores, olores y paisaje, aunque fuera el habitual. No registraba nada que pudiera desviarme el pensamiento de mi hijita. Fue una buena señal volver a percibir ese otoño madurando en los árboles y en el sol.

Antes de subir la incubadora nos mostraron el interior de la ambulancia y nos explicaron las precauciones que se toman en estos casos. Estaba protegido de modo que los ruidos no llegaran y la temperatura no variase. Tenían además, monitores, humidificador y aparatos muy específicos. Queríamos, con Julián, partir lo antes posible pero comprendimos que las explicaciones que nos daban era el modo de introducirnos, como se debe, a la situación de padres prematuros. Era seguridad lo que intentaban darnos. Yo lo valoré profundamente y el sentimiento de estar protegida, se hizo más fuerte.

Julián salió primero. Un amigo lo llevaba en auto. Yo viajaría adelante, en la cabina junto al chofer. Atrás, con Mercedes y aislados de la parte delantera, irían el médico neonatólogo y una enfermera especializada.

Llegamos al Garrahan. La cuidad me fue abriendo paso. Así lo viví. Era un refugio grande que nos recibía después de andar a la intemperie un mes y diez días. Se alejaba de mí aquella retahíla dolorosa que martillaba permanentemente mi cabeza y que, después supe, también la de Julián: “hay solamente un veinte por ciento de posibilidades”.

Mercedes pasó de la ambulancia a la sala de NEO. Julián y yo nos alojamos en un pabellón exclusivo para padres. Esas sí fueron mis primeras horas de dormir seguido, aunque soñé. Soñé con el médico mudo pasando sin mirarnos; soñé con el vidrio infranqueable y con el cuarto inconcluso de Mercedes, que se había convertido en mi guarida. Creo que soñé por el hábito de soñar que se había enraizado en las escasas horas en las que el cansancio me ganaba. Veníamos tan maltratados de silencios, tan ignorados en nuestra impotencia, que todo nos pareció un cielo abierto.

Ya hacía frío. Julián se fue temprano a Retiro para buscar ropa y poner en orden su situación en el trabajo. Veníamos tan maltratados de silencios, tan ignorados en nuestra impotencia, que todo nos pareció un cielo abierto.

Yo estaba un poco perdida, pero había otras madres. Se crea en el albergue del Garrahan una especie de cofradía que empieza a arropar la zona desnuda del alma. Desayuné conociéndolas y dejándome proteger. Pasamos por una charla de consejos sobre cómo movernos en “neo”; cómo alzar a nuestros hijos; cómo pasar las manos por los costados de la incubadora. Ordenamos los cuartos después y me acompañaron hasta la sala en la que Mercedes y otra cantidad enorme (eran tantos que me asombré) de prematuros estaban entre enfermeros, varones y mujeres que se movían con una seguridad y una solvencia que daban tranquilidad.

Al día siguiente hubo una charla sobre masajes que podían hacerse al prematuro cuando se lo tenía en brazos. Hubo también una explicación sencilla sobre el beneficio del “piel con piel” o “madre canguro”. No remplaza a la incubadora, sin embargo, la madre es un calefactor capaz de estabilizar la temperatura en los treinta y siete grados. El abrazo ayuda a la vasodilatación. Todo era intenso y alentador pero tanta había sido la negativa en ese mes, que veía lejos la posibilidad de ser el calefactor de mi hija.

-Esto no es para mí, pensé. No dejan alzar a nadie con el veinte por ciento de posibilidades de vida.

Me equivoqué.

Quedó atrás el vidrio, la frialdad, la lejanía. El ofrecimiento de la enfermera me paralizó. Extendí los brazos y dejé que los cables fueran acomodados sobre mis hombros. Mercedes estaba contra mi pecho; la piel de mi hija contra mi piel y mis manos, enormes, temblaban en el primer abrazo. Pero no lloré. Discipliné mis ojos para que la chiquita no sintiera el llanto de su madre, aunque ese llanto fuera de gozo infinito.

No había sido tan consciente antes, pero mi cuerpo todo empezó a sentirse vivo. En mi vientre, el vacío desaparecía; mis senos fueron resucitados cuando su manito se movió, buscándolos.

Julián regresó a la noche siguiente. No le dije nada, solo lo conduje. Las puertas se abrieron sin ninguna negativa y él, incrédulo, me siguió hasta la sala de “neo”. Temblaba, no se animaba a pasar su mano por el anillo. Mercedes se movió; berreó un poco como reclamándole coraje y finalmente, él pudo. Era una cadena de esperanza: Mercedes tomada de su índice y Julián, con su mano libre, aferrado a mí.

El eco que me golpeaba en el sueño empezó a desaparecer.

Pasaron dos meses. Nadie habló ni del veinte por ciento de posibilidades ni de operar porque el ductus arterioso…no, de nada.

Julián vivía apurado por regresar cada semana. Se emocionaba con el crecimiento de Mercedes. La miraba con ojos que, hasta que la pequeña habitó en sus brazos, yo había desconocido.

Empezaba el invierno y la pediatra, mujer contenedora y firme, con una capacidad de comunicación enorme, nos dijo que podíamos irnos a casa.

Los tres. A casa.

Era verdad que nos asustaba el frío; que nos atemorizaba estar lejos de los médicos, pero nada sería tan terrible como lo que ya habíamos pasado.

Nos fuimos.

La casa nos recibió tibia, acogedora. Había que cuidar en extremo la temperatura; monitorear la recuperación nutricional; estar atentos al ritmo de su respiración. Había aumentado de peso y no podíamos permitir que bajara. Cada día era un desafío y lo enfrentamos. Los tres lo enfrentamos.

El cuarto de Mercedes estaba terminado. Los abuelos y Julián habían dejado todo listo. Pero preferimos que ese primer tiempo estuviera con nosotros, en nuestra habitación.

Nos habían dado las fechas de los controles y las respetamos a rajatablas. Teníamos todos los teléfonos y para más seguridad, también los tenían los abuelos. Ante cualquier duda, llamaríamos inmediatamente al Garrahan. Había una distancia considerable, pero que en el hospital estuvieran veinticuatro horas a disposición, significaba estar más cerca que con un vidrio de por medio y en nuestra propia cuidad. No hizo falta acudir a esa emergencia. Fuimos, primero, cada quince días; después, cada mes y a medida que Mercedes derrotaba con fuerza el veinte por ciento de posibilidades de vivir, creciendo y respondiendo a los estímulos, la tranquilidad nos fue recompensando.

Cada vez que volvíamos al Garrahan por los controles yo recordaba aquel camino de ida. Parecía lejano. Había paisaje a los costados. Había luz. Aquel primer sol otoñal que me devolvió la capacidad de percibir que había vida alrededor, se volvió sol de verano. Ahora, nos acompañaba la certeza. Es que la fragilidad de quién amamos nos hace fuertes, tan fuertes como nunca creímos ser.

Han pasado tres años. Mercedes ha crecido bien, se ha puesto charlatana, juega y está atenta a todo lo que pasa. Yo no he vuelto a trabajar. No me convertí en una madre obsesiva pero sé, sin embargo, que hay cosas a las que debo estar atenta. Los ojos de una madre, así como lo fue la piel al principio, son el punto que mantiene el equilibrio que siempre da el amor.

Salgo, a veces, por trámites o cosas que hay que hacer fuera de la casa. Nació, espontáneamente entre nosotras, una forma de saludarnos. Cuando vuelvo, ella corre a la puerta (Julián me dice que a veces, espera muy cerca para escuchar), entonces la abrazo y la alzo:

-No sé qué haría sin vos, le digo mientras giramos.

-Ni yo sin vos, mami, me dice, acurrucándose como en mi pecho como cuando era su “mamá canguro”.

 

La autora: Ana Cerri nació en Rosario en 1947. Estudió Periodismo y Ciencias de la Información en la Universidad Católica Argentina y Teología en el Instituto Teresianum (Roma). Su cuento Excelsum superbum fue publicado en la Revista Ñ. La poeta argentina Diana Bellessi leyó dos de sus cuentos (El llanto y Concierto) en el blog de Patricia Kolesnicov. Ha publicado el libro de relatos "Límite Oeste".

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Narrow-Network Controls

by System Administrator - Wednesday, 11 November 2015, 1:47 PM
 

Insurance commissioners propose more narrow-network controls

By Leslie Small

Regulators unveil model law for states that increases consumer protections

In response to concerns about the rise of narrow-network health plans, the National Association of Insurance Commissioners (NAIC) has proposed new regulations to ensure that the trend doesn't harm consumers' access to affordable, quality care.

The insurance commissioners have been working to create a new model network adequacy law for states, noting the need for greater oversight as narrow-network plans became increasingly common on the Affordable Care Act exchanges. Indeed, a recent study revealed that as many as 14 percent of health plans on the federal exchange have networks that lack physicians in at least one common specialty.

Now the NAIC's effort has resulted in proposed revisions to the Managed Care Plan Network Adequacy Model Act, and includes proposals such as requiring insurers and providers to advise patients of the costs associated with choosing out-of-network providers and requiring insurers to update their provider directories once per month.

If a patient picks an out-of-network provider, the group's Health Insurance and Managed Care Committee proposes that consumers shouldn't have to pick up the extra cost. Instead, providers and insurers would settle the discrepancy in a mediation process.

In considering overall network sufficiency, NAIC says it would weigh factors including appointment waiting times, health plans' ability to meet the needs of low-income individuals and those with chronic conditions, providers' geographic accessibility, the availability of delivery options such as telemedicine, and provider-covered person ratios by specialty, among others.

The NAIC's proposals are a positive step, according to a letter of comment from provider, state, consumer and other nonprofit groups, but could do even more to protect consumers. The groups call for a clear set of quantitative standards to measure network adequacy, arguing that "the current model act provides these measures as an option for states, rather than a requirement."

They also ask for stronger controls on tired networks, requesting NAIC apply all network adequacy standards to the lowest cost-sharing tier of any such network. Tiered networks are a hot topic of late, especially as Horizon Blue Cross Blue Shield of New Jersey's new Omnia Health Alliance has come under fire by providers in the state.

To learn more:

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Negative Maintenance Leadership

by System Administrator - Friday, 12 September 2014, 3:47 PM
 

Negative Maintenance Leadership

by John Lynn

John Lynn is the Founder of the HealthcareScene.com blog network which currently consists of 15 blogs containing almost 6000 articles with John having written over 3000 of the articles himself. These EMR and Healthcare IT related articles have been viewed over 13 million times. John also manages Healthcare IT Central and Healthcare IT Today, the leading career Health IT job board and blog. John is co-founder of InfluentialNetworks.com and Physia.com. John is highly involved in social media, and in addition to his blogs can also be found on Twitter: @techguy and @ehrandhit.

It seems like I have a little trend of leadership posts going on. This one goes along the lines of my previous post where I talked about Surpassing Expectations. The next leadership concept that I want to talk about comes from Brad Feld and he calls it Negative Maintenance.

Here’s how Brad describes it from his perspective:

There are days that I’m high maintenance. Everyone is. But if you subscribe to my “give before you get”, or #givefirst, philosophy, you are constantly contributing more than you are consuming. I’ve talked about this often in the context of Startup Communities, but I haven’t really had the right words for this in the context of leadership, management, and employees in a fast growing company.

I think that this description applies just as well to healthcare organizations. We all know the Hospital CIO who takes more than he gives. The hospital CIO that makes a project 10 times harder than it needs to be with the exact same (or sometimes worse) results. Hopefully you’ve also known leadership that makes your life easier. They remove roadblocks. They clearly articulate the path forward. They make the work easier as opposed to harder.

The same applies to anyone on a project team. There are those people on a team that are high maintenance, no maintenance, and negative maintenance. The highest performing teams are those that have a team full of negative maintenance people.

What kind of team member are you?

 

Link: http://www.hospitalemrandehr.com

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New Hospital CEOs Tend to Be Outsiders, Were Rarely CIOs

by System Administrator - Thursday, 21 August 2014, 6:05 PM
 

Credit: Getty Images

New Hospital CEOs Tend to Be Outsiders, Were Rarely CIOs

By Brian Eastwood

Look at the hospital C-suite moves made so far in 2014 and you'll see that facilities tend to hire outside candidates for CEO and promote the COO if they do look internally. They all but ignore the CIO when filling the corner office -- but that might actually be a sign of respect.

Earlier this year, the American College of Healthcare Executives released its annual report on hospital CEO turnover rates. At 20 percent, the rate is the highest it's been since the organization started analyzing those numbers in 1981. (ACHE gets its data from the American Hospital Association.)

ACHE attributes this to a combination of factors – retiring Baby Boomers, hospital consolidation and increasing complexity. In addition, healthcare is struggling with meaningful use and other technology initiatives, preparing for ICD-10 and adapting to rapidly changing business models. Such high hospital CEO turnover, then, shouldn't be too surprising.

 Features: 9 C-Level Titles Unique to Healthcare and 12 Healthcare IT Predictions for 2014 ]

It does raise a question, though: Who's replacing the departing CEOs?

To answer that, Billian's HealthDATA and Porter Research looked at announcements of executive moves tracked in the first seven months of 2014.

The resulting study examined more general hospital C-suite trends, as CEO moves accounted for only 53 percent of the 384 personnel announcements. Several points stand out:

  • Sixty percent of C-level executives came from outside the organization. For CEOs specifically, the figure was 58 percent.
  • A "good portion" of the placements came with "interim" tag, says Jessica Clifton, marketing director at Billian's. This reflects the transition in the market as, for example, facilities merge and consolidate roles.
  • New COOs came from outside the organization 27 percent of the time. In addition, COOs were the most likely internal candidates for a move to CEO, receiving that promotion 44 percent of the time. Clifton says this could be because COOs take a multifaceted approach to their work, building relationships with "multiple wings of the hospital."
  • Chief nursing officers (CNOs) were the most likely executives within an organization to be promoted to COO. This occurred in 17 percent of cases.
  • In all, women comprised 28 percent of new C-suite or director-level hires. CEOs made up the plurality, at 38 percent, followed by CNOs (26 percent) and COOs (13 percent).

Healthcare CIOs, CEOs From Other Industries Rarely Get Hospital Corner Office

The research is also notable for what it didn't find.

For starters, only 3 percent of hospital C-suite hires came from outside the hospital or health system environment. Clifton expects this number to increase. Market forces leave today's hospitals to compete for patients – who, when comparing rising healthcare costs to declining travel costs, can be more discerning consumers than they have been.

"Patients have so much more flexibility than they used to," she says. This should drive innovation in areas such as patient engagement; here, Clifton says, hospitals that bring in executives with hospitality and customer service experience will be at an advantage.

[ Analysis: Why Healthcare IT Spending Needs to Shift Its Focus ]

In addition, only one of the 384 personnel moves thus far in 2014 involved the promotion of a CIO to the role of CEO. This isn't necessarily because CIOs can't handle the top job but, rather, because of the importance in building healthcare IT infrastructure, Clifton says. The CIO is "a key role to have in place."

Finally, Billian's saw little activity regarding healthcare CISOs and CSOs, though Clifton says this will likely change as hospitals segment their technology roles. The same was true for clinical informatics roles, she adds, but that's due in part to the multitude of titles used to describe that particular role.

Brian Eastwood — Senior Editor | Senior editor for CIO.com covering healthcare IT.

Link: http://www.cio.com

 

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New sites allow patients to compare surgeons based on outcomes, complication rates

by System Administrator - Wednesday, 15 July 2015, 2:18 AM
 

New sites allow patients to compare surgeons based on outcomes, complication rates

By Ilene MacDonald

ProPublica, SurgeonRatings uses never-before-available information to evaluate best, worst surgeons

Two new sites launched today will allow consumers to evaluate and compare surgeons based on never-before-available information on complications rates and patient outcomes.

The first, www.surgeonratings.org, released by the nonprofit Consumers' Checkbook/Center for the Study of Services, only lists surgeons that have had better-than-average outcomes based on an analysis of more than four million surgeries conducted by 50,000 surgeons on hospital inpatients.

The ratings, which don't include poor performers, take into account how often the surgeon's patients die in the hospital or within 90 days of discharge, have serious complications in the hospital or are readmitted to the hospital within 90 days of discharge.

The site allows consumers to search by ZIP code for the top-peforming surgeons in 14 high-risk surgeries, including heart valve and bypass surgery and total knee and hip replacement. Ratings are based on federal government records previously not available to the public, the organization announced.

"This is the first time we're doing this and it's going to catch people by surprise," said Robert Krughoff, Checkbook's president, in the announcement. "So we chose this time to focus on the good ones and to tell people who they are."

But the second website, Surgeon Scorecard by ProPublica, does include surgeons that have higher-than-average complications based on infections, clots or infections that call for post-operative care.

The non-profit news outlet calculated death and complication rates for surgeons who perform one of eight elective procedures in Medicare, including gall bladder removal and hip replacements, adjusting for differences in patient health, age and hospital quality.

In an editor's note, Stephen Engelberg said that the publication decided a year ago to publicly compare the performance of surgeons because consumers didn't have access to the information.

"These days, consumers can review ratings on everything from plumbers to hair salons to the latest digital cameras," he said. "The process of undergoing surgery includes some of the most consequential decisions any of us ever make. So we began with the view that the taxpayers who pay the costs of Medicare should be able to use its data to make the best possible decisions about their healthcare."

Link: http://www.fiercehealthcare.com

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Next-gen remote patient monitoring system

by System Administrator - Friday, 30 January 2015, 5:21 PM
 

Roche's facilities in Basel, Switzerland--Courtesy of Roche

Roche and Qualcomm join forces for next-gen remote patient monitoring system

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No Practice Bleeding in 2015

by System Administrator - Friday, 30 January 2015, 6:34 PM
 

 

No Practice Bleeding in 2015

by Linda Henman

Men experiencing contraction pains has proven popular in Jinan, China. In fact, Jinan Aima Maternity Hospital opened its “Pain Experience Camp” in November, and in a misguided attempt to show solidarity with their pregnant wives, more than 300 men have signed up to experience the electric shock meant to simulate the sensation of childbirth. The good men of Jinan have taken practice bleeding to an impressive level of nuttiness, but their well-intended show of support will do nothing to relieve their wives’ pain any more than organizational practice bleeding will counterbalance the pain of a crisis.

“Practice bleeding” is the term I use to describe the propensity to suffer before the pain begins. One should never confuse practice bleeding with planning, however. Planning for a crisis prepares the organization for likely emergencies; practice bleeding involves the misguided notion that if people practice how they will suffer, they will be better equipped to stand the menace—whatever it is.

In an ideal world, crisis management begins long before a crisis actually occurs—in a calm and objective environment in which no one is physically or metaphorically bleeding. It starts with a thorough audit of organizational risks—not a hand-wringing, floor-pacing attempt to control the future—and certainly not simulated labor pains. Understanding some of the major categories of risk can help you identify the types of crisis for which you should prepare. The nature of your business will determine your risks, but some universal perils exist:

  • Natural disasters
  • Product tampering
  • Accidents
  • Technical breakdowns
  • Economic changes
  • Aberrant employees

Preparing for these risks can make the difference between surviving them and thriving after them. Here’s what you can do:

  1. Monitor your cash. It is the lifeblood of any business. In most situations, cash is king. In crisis, it is more of a demanding emperor: not earnings per share, revenue growth or return on equity.  Cash.
  2. Establish a crisis response team now. Which operations people, legal minds, marketing professionals and public relations experts will need to participate?
  3. Build relationships outside the organization that can help you when you falter.
  4. Know how to react to a crisis well before one occurs. Prepare a list of contact information for your key audience—shareholders, media, employees, the community, customers, elected officials, vendors—anyone you’d want to send accurate information to immediately.
  5. Make the learning from a failure visible. Rush to find the cause of the failure, but forget assigning blame.
  6. Create a list of the 10 worst things that could happen, evaluate the appropriate responses to the most likely ones, determine procedures to respond and designate a point person for each.

No one has ever gained from suffering before a tragedy. If the time comes to suffer, you’ll know how. Like rocking in a rocking chair, practice bleeding gives you something to do, allows you to pretend you’re doing something important and impresses people with your stoicism. But the activities associated with practice bleeding will neither prevent problems nor better train you to deal with them.

If the scientific minds in China had spent their time and resources developing some other medical technology instead of attempting to simulate childbirth, who knows what might have resulted?  The new year promises both challenges and opportunities, but let’s make sure it doesn’t also tempt us to do well what should never be done in the first place.

ABOUT THE AUTHOR

About the Author Dr. Linda Henman is one of those rare experts who can say she’s a coach, consultant, speaker, and author. For more than 30 years, she has worked with Fortune 500 Companies and small businesses that want to think strategically, grow dramatically, promote intelligently, and compete successfully today and tomorrow. Some of her clients include Emerson Electric, Boeing, Avon and Tyson Foods. She was one of eight experts who worked directly with John Tyson after his company’s acquisition of International Beef Products, one of the most successful acquisitions of the twentieth century. 

Linda holds a Ph.D. in organizational systems and two Master of Arts degrees in both interpersonal communication and organization development and a Bachelor of Science degree in communication. Whether coaching executives or members of the board, Linda offers clients coaching and consulting solutions that are pragmatic in their approach and sound in their foundation—all designed to create exceptional organizations. 

She is the author of Landing in the Executive Chair: How to Excel in the Hot Seat The Magnetic Boss: How to Become the Leader No One Wants to Leave, and contributing editor and author to Small Group Communication, among other works. 

Dr. Henman can be reached at linda@henmanperformancegroup.com

Link: http://www.corporatecomplianceinsights.com/practice-bleeding-2015/

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Non-profit hospitals

by System Administrator - Tuesday, 2 September 2014, 5:48 PM
 

Moody's: Non-profit hospitals see constricted revenue growth

No benefit from ACA until 2015

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Novartis steps into wearables with app for Apple Watch, Android Wear

by System Administrator - Monday, 6 July 2015, 9:23 PM
 

Novartis steps into wearables with app for Apple Watch, Android Wear

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Nurses: Med devices must be interoperable

by System Administrator - Thursday, 12 March 2015, 9:08 PM
 

Nurses: Med devices must be interoperable